El material que escogí para desarrollar este eje es la famosa novela de ciencia ficción de Ray Bradbury FAHRENHEIT 451, una denuncia a una sociedad hedonista, que busca la felicidad plena en aquello que los medios solamente le pueden dar y donde los libros constituyen una amenaza para esa felicidad, y necesitan ser determinantemente proscriptos. La obra de Bradbury es publicada en 1953, tres años después de que la televisión se convirtiera en el medio de comunicación por excelencia, convirtiéndose en una predicción en cierto grado certera de las sociedades contemporáneas modernas. FAHRENHEIT 451 presenta como personaje principal a Montag, un bombero cuyo oficio no implica apagar incendios, si no provocarlos con el objetivo de erradicar completamente de la sociedad la lectura. Esta acción era avalada por poderes públicos cuyo sistema implantaba cerebros débiles, ya que prohíbe junto con la lectura la posibilidad de pensar por uno mismo, e impone un facilismo caracterizado por el autor en la imagen que establece de la televisión particularmente.
Si bien esta obra es una crítica a una sociedad futurista utópica, hay ciertos aspectos que Bradbury resalta en la civilización que describe en su obra, que coinciden con las actuales comunidades influidas por las nuevas tecnologías y sus utilidades. En la modernidad, las Tics han desarrollado dos mundos paralelos en base a los usos que se hacen de ellas: on-line (estar conectado a) y off-line (desconectado). Desde un escenario donde las personas experimentan “(…) estar todo el tiempo <>, al menos un dispositivo, lo que sugiere estar <> algo fijo, la híper conectividad es estar potencialmente conectado todo el tiempo <>, al menos un dispositivo o una red.” (Roberto Igarza “Burbujas del Ocio” Capítulo 1, Cultura urbana, cultura de movilidad, cultura global). Donde el consumo, como afirma Silverstone, comienza en el hogar. Igarza con respecto al consumo doméstico de las tecnologías señala: “<< Vivimos con los medios y junto a los medios>>”. Esta relevancia de los medios de comunicación produce una oferta cultural y de ocio de tantas diversas naturalezas y en cantidades abundantes puede inducirnos a concluir que la cultura mediática de los medios es la cultura de hegemónica. Esto se asimila mucho a la sociedad planteada por Bradbury, donde Mildred (esposa de Montag) es un reflejo individuo mediatizado. “¿No había un viejo chiste acerca de la mujer que habla tanto por teléfono que el marido, desesperado, corre a la tienda más próxima y la llama, por teléfono para preguntarle qué cenaremos esta noche? Bueno, entonces, ¿por qué no se compra él una estación Caracol trasmisora y le hablaba a su mujer, murmuraba, suspiraba, gritaba, aullaba, tarde, de noche? (…)” (FAHRENHEIT 451, La estufa y la salamandra).
La disociación que podemos marcar en esta sociedad planteada por el escritor de las culturas mediáticas actuales, es la imagen de una sociedad que consume los media y omite el proceso de recepción y producción de sentido de las formas simbólicas que se trasmiten. Los individuos se presentan como envases vacíos, espectadores pasivos a los que se carga de contenidos.
Tanto en la novela como en la actualidad, hay una transformación en las percepciones tiempo-espacio de las sociedades pertenecientes a la llamada “era de la información”. Se reciben contenidos simbólicos separados de su lugar de producción. La simultaneidad de los tiempos de producción, los contenidos simbólicos que corren en un flujo constante, sin pausas, también es uno de los puntos que el autor toma para caracterizar a la sociedad bajo la imagen, ya mencionada de “cerebros débiles”, imposibilitados de tener ese tiempo para detenerse a reflexionar. “Más tarde Montag miró a Mildred. Estaba despierta. Una leve melodía bailaba en el aire. Mildred se había llevado otra vez el Caracol al oído y escuchaba a gentes distantes, de lugares distantes, con los ojos abiertos y clavados en los abismos de negrura que flotaban sobre ella en el techo” (FAHRENHEIT 451, La estufa y la salamandra).
“Una radio murmuró en alguna parte:
- La guerra puede estallar en cualquier momento” (FAHRENHEIT 451, capítulo 1 La estufa y la salamandra). Este pasaje nos permite observar como también se plantea a los medios como difusores de informaciones que trascienden las fronteras geopolíticas de donde se habita. Asimismo, la construcción de la frase plantea una situación que puede ocurrir con la misma simultaneidad con la que se esta anunciando. Es importante destacar que la obra esconde una profunda crítica específicamente a las sociedades norteamericanas de 1953, después de lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki: “Señor- dijo Montag-. A toda hora tantas cosas malditas en el cielo. ¿Qué demonios hacen esos bombardeos ahí arriba, sin descansar un minuto? ¿Por qué nadie habla de eso? ¡Hemos iniciado y ganado dos guerras atómicas desde 1960! ¿Nos divertimos tanto en casa que nos hemos olvidado del mundo? ¿Será que somos tan ricos y el resto del mundo tan pobre y no nos importa lo que sea? He oído rumores; el mundo esta muriéndose de hambre; pero nosotros estamos bien nutridos. ¿Es cierto que el mundo trabaja duramente mientras nosotros jugamos? ¿Nos odiarán por eso? He oído rumores acerca de que ese odio también, muy de cuando en cuando. ¿Sabes tú por qué nos odian? Yo no, debo admitirlo. Quizá los libros nos saquen un poco de esta oscuridad (…)” (Capítulo 3, El tamiz y la arena), quiero resaltar también cómo Bradbury en este apartado hace una acentuación de la brecha existente entre las regiones más pobres y más ricas del mundo. Una desigualdad entre las influencias de la cultura global dominante y las culturas locales periféricas. Paula Sibila explica: “(…) esta nueva cartografía de la Tierra como un archipiélago de ciudades o regiones muy ricas, con fuerte desarrollo tecnológico y financiero, en medio del océano de una población mundial cada vez más pobre”.
Los nuevos medios de comunicación son utilizados bajo esta lógica de entretenimiento que se conecta no sólo con los tiempos de ocio, si no que va más allá y se integra a la cotidianidad, a las rutinas de los sujetos, donde como critica Omar Rincón en su texto Narrativas Mediáticas, el homo-zappien se transforma en un homo-zapping en un habitante de la estética mediática, regida por una “tele-basura”. Bradbury refleja esto en su obra: “Horas libres, sí. ¿Pero tiempo para pensar? Cuando no conducen a ciento cincuenta kilómetros por hora, y entonces no se puede pensar en otra cosa que en el peligro, se entretienen con algún juego, o en una sala donde no es posible discutir con el televisor de cuatro paredes. ¿Por qué? El televisor es real. Es algo inmediato, tiene dimensiones. Le dice a uno lo que debe pensar, y de un modo contundente. Ha de tener razón. Lo arrastra a uno con tanta rapidez a sus propias conclusiones que no hay tiempo de protestar, o decir << ¡Qué tontería!>>”. Algo similar ocurre en la actualidad, los medios operan con esta lógica de entretener “a cualquier precio” como señala Pierre Bourdieu.
Es importante resaltar, que tanto en la novela como en los modos de vida contemporáneos, las tecnologías poseen una fuerte influencia sobre los sujetos y transforman sus prácticas sociales y sus maneras de relacionarse con el entorno, son elementos de significación e identidad. Roxana Morduchowicz afirma: “(…)los medios de comunicación y las nuevas tecnologías (…) son decisivos en la configuración delas nuevas formas de sociabilidad”. “Apague a los <>” (FAHRENHEIT 451, La estufa y la salamandra).
Si bien esta obra es una crítica a una sociedad futurista utópica, hay ciertos aspectos que Bradbury resalta en la civilización que describe en su obra, que coinciden con las actuales comunidades influidas por las nuevas tecnologías y sus utilidades. En la modernidad, las Tics han desarrollado dos mundos paralelos en base a los usos que se hacen de ellas: on-line (estar conectado a) y off-line (desconectado). Desde un escenario donde las personas experimentan “(…) estar todo el tiempo <
La disociación que podemos marcar en esta sociedad planteada por el escritor de las culturas mediáticas actuales, es la imagen de una sociedad que consume los media y omite el proceso de recepción y producción de sentido de las formas simbólicas que se trasmiten. Los individuos se presentan como envases vacíos, espectadores pasivos a los que se carga de contenidos.
Tanto en la novela como en la actualidad, hay una transformación en las percepciones tiempo-espacio de las sociedades pertenecientes a la llamada “era de la información”. Se reciben contenidos simbólicos separados de su lugar de producción. La simultaneidad de los tiempos de producción, los contenidos simbólicos que corren en un flujo constante, sin pausas, también es uno de los puntos que el autor toma para caracterizar a la sociedad bajo la imagen, ya mencionada de “cerebros débiles”, imposibilitados de tener ese tiempo para detenerse a reflexionar. “Más tarde Montag miró a Mildred. Estaba despierta. Una leve melodía bailaba en el aire. Mildred se había llevado otra vez el Caracol al oído y escuchaba a gentes distantes, de lugares distantes, con los ojos abiertos y clavados en los abismos de negrura que flotaban sobre ella en el techo” (FAHRENHEIT 451, La estufa y la salamandra).
“Una radio murmuró en alguna parte:
- La guerra puede estallar en cualquier momento” (FAHRENHEIT 451, capítulo 1 La estufa y la salamandra). Este pasaje nos permite observar como también se plantea a los medios como difusores de informaciones que trascienden las fronteras geopolíticas de donde se habita. Asimismo, la construcción de la frase plantea una situación que puede ocurrir con la misma simultaneidad con la que se esta anunciando. Es importante destacar que la obra esconde una profunda crítica específicamente a las sociedades norteamericanas de 1953, después de lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki: “Señor- dijo Montag-. A toda hora tantas cosas malditas en el cielo. ¿Qué demonios hacen esos bombardeos ahí arriba, sin descansar un minuto? ¿Por qué nadie habla de eso? ¡Hemos iniciado y ganado dos guerras atómicas desde 1960! ¿Nos divertimos tanto en casa que nos hemos olvidado del mundo? ¿Será que somos tan ricos y el resto del mundo tan pobre y no nos importa lo que sea? He oído rumores; el mundo esta muriéndose de hambre; pero nosotros estamos bien nutridos. ¿Es cierto que el mundo trabaja duramente mientras nosotros jugamos? ¿Nos odiarán por eso? He oído rumores acerca de que ese odio también, muy de cuando en cuando. ¿Sabes tú por qué nos odian? Yo no, debo admitirlo. Quizá los libros nos saquen un poco de esta oscuridad (…)” (Capítulo 3, El tamiz y la arena), quiero resaltar también cómo Bradbury en este apartado hace una acentuación de la brecha existente entre las regiones más pobres y más ricas del mundo. Una desigualdad entre las influencias de la cultura global dominante y las culturas locales periféricas. Paula Sibila explica: “(…) esta nueva cartografía de la Tierra como un archipiélago de ciudades o regiones muy ricas, con fuerte desarrollo tecnológico y financiero, en medio del océano de una población mundial cada vez más pobre”.
Los nuevos medios de comunicación son utilizados bajo esta lógica de entretenimiento que se conecta no sólo con los tiempos de ocio, si no que va más allá y se integra a la cotidianidad, a las rutinas de los sujetos, donde como critica Omar Rincón en su texto Narrativas Mediáticas, el homo-zappien se transforma en un homo-zapping en un habitante de la estética mediática, regida por una “tele-basura”. Bradbury refleja esto en su obra: “Horas libres, sí. ¿Pero tiempo para pensar? Cuando no conducen a ciento cincuenta kilómetros por hora, y entonces no se puede pensar en otra cosa que en el peligro, se entretienen con algún juego, o en una sala donde no es posible discutir con el televisor de cuatro paredes. ¿Por qué? El televisor es real. Es algo inmediato, tiene dimensiones. Le dice a uno lo que debe pensar, y de un modo contundente. Ha de tener razón. Lo arrastra a uno con tanta rapidez a sus propias conclusiones que no hay tiempo de protestar, o decir << ¡Qué tontería!>>”. Algo similar ocurre en la actualidad, los medios operan con esta lógica de entretener “a cualquier precio” como señala Pierre Bourdieu.
Es importante resaltar, que tanto en la novela como en los modos de vida contemporáneos, las tecnologías poseen una fuerte influencia sobre los sujetos y transforman sus prácticas sociales y sus maneras de relacionarse con el entorno, son elementos de significación e identidad. Roxana Morduchowicz afirma: “(…)los medios de comunicación y las nuevas tecnologías (…) son decisivos en la configuración delas nuevas formas de sociabilidad”. “Apague a los <

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