Para comenzar a desarrollar esta compleja relación que establecen los niños con los medios de comunicación (específicamente analizaré la televisión), debemos pensar en primera instancia: ¿Qué entendemos por mediatización?
La mediatización es un proceso de circulación de significados que implica una transformación de ellos, donde todos, de forma individual y colectiva contribuimos a su producción. María Cristina Mata, en su texto De la cultura masiva a la cultura mediática señala: es “proceso colectivo de producción de significado a través del cual un orden social se comprende, se comunica, se reproduce y se transforma”. Podemos comprender entonces, que este proceso constituye una influencia por parte de los media sobre un grupo de personas (espectadores) que pueden condicionar su libertad de acción. He aquí el puntapié inicial para desarrollar la entrelazada relación niños-TV.
Todo comienza en el hogar, ese espacio en el que los niños se desenvuelven, “un espacio que tiene una profunda carga psíquica (…) Un lugar desde el cual contemplar al mundo” (Silverstone, capítulo 10: La casa y el hogar). En las sociedades modernas contemporáneas, los medios ocupan un lugar clave en los hogares. Este espacio central que se les destina, desde un punto de vista psicológico, es el desencadenante de la estrecha relación que establecerá el medio con los individuos, llegando a formar parte de una rutina diaria de consumo. Los medios masivos, de esta manera, cumplen un triple rol en las sociedades, el de trasmitir información y entretener, generando nuevas formas de comunicación y de influir en los contextos en los que se encuentran inmersos, y el de ejercer control sobre el imaginario colectivo de su público. Agnes Heller (1984, pág 239) señala: “el hogar es la base de nuestras acciones y percepciones, cualquiera sea el lugar donde nos encontremos”.
Los contenidos que trasmiten los medios sobre las culturas infantiles constituyen disparadores que proyectan en el imaginario de los niños distintos conceptos y significados que modificaran su visión respecto al mundo real en el que habitan. Este contenido, que se vuelca en las mentes de los niños posee una potencial fuerza ya que constituirán sus primeros ideales, sus primeros conceptos respecto a la vida, que transformaran sus maneras de ver y relacionarse con el exterior. Por eso el tiempo que dedican a ver televisión, a llenarse de ese contenido, resulta uno de los principales debates: frente a esas mentalidades inofensivas qué productos (contenidos) se les ofrece, y cómo estos manipulan en la construcción de sus ideales. Lo relevante en este asunto es cómo los dibujos animados, a lo largo de su creación y hasta llegar hoy a su desarrollo en pos a las nuevas tecnologías han constituido un fenómeno infantil de masas, traspasando las fronteras espacio-temporales. Cómo de generación en generación, los dibujos (perfeccionados y mejorados como producto de los eficientes desarrollos tecnológicos) son consumidos, traspasando las fronteras temporales y espaciales (son vistos en lugares alejados al de su creación) lo cual también implica un proceso de modificación de acuerdo a las distintas culturas y lenguajes donde se reciben.
Debo señalar, asimismo, que el ejemplo tomado constituye lo llamado por María cristina Mata: “mediatización de la experiencia” donde como explica: “el actuar humando, revela el nuevo carácter <> como productores centrales de la realizan. Se acrecientan, de tal suerte las zonas de existencia de los individuos que se realizan –o prometen realizarse- a través de los medios y tecnologías que, en consecuencia, se constituyen en garantes de la posibilidad de ser y el actuar”. Mi generación, constituye una de las primeras que crecen junto con la televisión a color, el video y el zapping, y los dibujos animados se consagra con estas tecnologías en un referente para las culturas infantiles, cuyo simbolismo ha ejercido una enorme influencia en el desarrollo de las prácticas, y las formas de vincularse.
Para ejemplificar esta relación, decidí tomar a la industria de Walt Disney Pictures, ya que se ha convertido en uno de los principales referentes del público infantil a lo largo ya
de varias generaciones. Este estudio de animación, fundado en 1923 por Walter Elías Disney, logró alcanzar con el tiempo tal magnitud que en la actualidad, es considerado como un Imperio. A lo largo de su historia fue pionero en la utilización de numerosas innovaciones técnicas en el cine de animación, lo que logró que los dibujos animados de conviertan en sofisticados medios de expr esión artística. Las caricaturas, entre ellos el referente Mickey Mouse llegaron a transformarse en productos de consumo masivo. En la actualidad con ocho estudios cinematográficos, once canales de televisión por cable y uno terrestre, la multimillonaria industria de Disney, es una de las principales influencias mediáticas del público infantil.
Utilizando las fábulas, la humanización de animales que a través de sus conductas buscan dar un ejemplo moral, la multimillonaria empresa intenta trasmitir ciertos valores, y posturas ideológicas que de cierta m anera van a condicionar la mente de los niños. La tecnología actúa de manera tal que regula la forma en que nos ocupamos de los asuntos cotidianos y, facilita y restricciona asimismo, nuestra facultad de actuar en el mundo. Marshal Mc Luhan propuso ver a “la tecnología como física, como extensiones de nuestra capacidad humana de actuar material y psicológicamente en el mundo. Nuestros medios, en especial, extendieron su campo y su alcance, otorgándonos un poder infinito pero también modificando el medio ambiente en que se ejerce ese poder”.
Debemos destacar, la importancia de los distintos contextos de recepción, donde influyen ciertos factores familiares, sociales, económicos, culturales, que serán determinantes en la apropiación que los infantes realicen de los contenidos que emite la industria de Disney. Roxana Morduchowicz afirma: “Los medios no pueden tomarse independientemente de los contextos de recepción. El hecho de que los jóvenes de sectores sociales diferentes enciendan la televisión para ver el mismo programa no supone ninguna manera de una comunicación y uniformidad en las prácticas y las formas de recepción”. En paralelo al industria de producción multimedial que realiza Disney, existe una gama de productos/mercancías, que se desarrollan a partir de los personajes creados. Por ejemplo, la empresa Mac Donald´s en su menú infantil (cuyos alimentos se amoldan a las diversas regiones y consumos) incluye las llamadas: “cajitas felices” que suelen promo cionar productos de la industria cinematográfica de Disney. También podemos observar este fenómeno en la industria del juguete, y la creación de marcas con una amplia gama de productos relacionados, a partir de los éxitos cinematográficos globalizados, como por ejemplo “Piratas del caribe”.

Podemos afirmar entonces, que el Imperio de Disney a lo largo de varias generaciones se convirtió en el principal exponente de ideales de la cultura mediática infantil con una amplia dominación de distintas tecnologías y asociaciones a varias industrias, como la de comidas rápidas, que actúan con una recepción de índole masiva, lo cual les otorga cierto potencial para imponerse en el mercado, y en el mundo.
La mediatización es un proceso de circulación de significados que implica una transformación de ellos, donde todos, de forma individual y colectiva contribuimos a su producción. María Cristina Mata, en su texto De la cultura masiva a la cultura mediática señala: es “proceso colectivo de producción de significado a través del cual un orden social se comprende, se comunica, se reproduce y se transforma”. Podemos comprender entonces, que este proceso constituye una influencia por parte de los media sobre un grupo de personas (espectadores) que pueden condicionar su libertad de acción. He aquí el puntapié inicial para desarrollar la entrelazada relación niños-TV.
Todo comienza en el hogar, ese espacio en el que los niños se desenvuelven, “un espacio que tiene una profunda carga psíquica (…) Un lugar desde el cual contemplar al mundo” (Silverstone, capítulo 10: La casa y el hogar). En las sociedades modernas contemporáneas, los medios ocupan un lugar clave en los hogares. Este espacio central que se les destina, desde un punto de vista psicológico, es el desencadenante de la estrecha relación que establecerá el medio con los individuos, llegando a formar parte de una rutina diaria de consumo. Los medios masivos, de esta manera, cumplen un triple rol en las sociedades, el de trasmitir información y entretener, generando nuevas formas de comunicación y de influir en los contextos en los que se encuentran inmersos, y el de ejercer control sobre el imaginario colectivo de su público. Agnes Heller (1984, pág 239) señala: “el hogar es la base de nuestras acciones y percepciones, cualquiera sea el lugar donde nos encontremos”.
Los contenidos que trasmiten los medios sobre las culturas infantiles constituyen disparadores que proyectan en el imaginario de los niños distintos conceptos y significados que modificaran su visión respecto al mundo real en el que habitan. Este contenido, que se vuelca en las mentes de los niños posee una potencial fuerza ya que constituirán sus primeros ideales, sus primeros conceptos respecto a la vida, que transformaran sus maneras de ver y relacionarse con el exterior. Por eso el tiempo que dedican a ver televisión, a llenarse de ese contenido, resulta uno de los principales debates: frente a esas mentalidades inofensivas qué productos (contenidos) se les ofrece, y cómo estos manipulan en la construcción de sus ideales. Lo relevante en este asunto es cómo los dibujos animados, a lo largo de su creación y hasta llegar hoy a su desarrollo en pos a las nuevas tecnologías han constituido un fenómeno infantil de masas, traspasando las fronteras espacio-temporales. Cómo de generación en generación, los dibujos (perfeccionados y mejorados como producto de los eficientes desarrollos tecnológicos) son consumidos, traspasando las fronteras temporales y espaciales (son vistos en lugares alejados al de su creación) lo cual también implica un proceso de modificación de acuerdo a las distintas culturas y lenguajes donde se reciben.
Debo señalar, asimismo, que el ejemplo tomado constituye lo llamado por María cristina Mata: “mediatización de la experiencia” donde como explica: “el actuar humando, revela el nuevo carácter <
de varias generaciones. Este estudio de animación, fundado en 1923 por Walter Elías Disney, logró alcanzar con el tiempo tal magnitud que en la actualidad, es considerado como un Imperio. A lo largo de su historia fue pionero en la utilización de numerosas innovaciones técnicas en el cine de animación, lo que logró que los dibujos animados de conviertan en sofisticados medios de exprUtilizando las fábulas, la humanización de animales que a través de sus conductas buscan dar un ejemplo moral, la multimillonaria empresa intenta trasmitir ciertos valores, y posturas ideológicas que de cierta m
Debemos destacar, la importancia de los distintos contextos de recepción, donde influyen ciertos factores familiares, sociales, económicos, culturales, que serán determinantes en la apropiación que los infantes realicen de los contenidos que emite la industria de Disney. Roxana

Podemos afirmar entonces, que el Imperio de Disney a lo largo de varias generaciones se convirtió en el principal exponente de ideales de la cultura mediática infantil con una amplia dominación de distintas tecnologías y asociaciones a varias industrias, como la de comidas rápidas, que actúan con una recepción de índole masiva, lo cual les otorga cierto potencial para imponerse en el mercado, y en el mundo.
De generación en generación...
Antes
Ahora
“Imagino la mente de un niño como un libro en blanco. Durante sus primeros años de vida se escribirán muchas cosas en sus páginas. La calidad de lo que se escriba afectará profundamente a sus vidas” Walt Disney
Tula, María Ailén
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